Cada vez que usas el móvil, te haces una resonancia magnética o buscas algo por internet, estás beneficiándote de la física cuántica sin saberlo. Esta rama de la física estudia cómo se comporta la materia a escala atómica y subatómica, un mundo donde las reglas son completamente distintas a las de nuestra vida cotidiana.
La diferencia clave con la física clásica es que esta explica por qué cae una manzana o cómo se mueve un coche, y la física cuántica explica qué pasa dentro de los átomos, y ahí las cosas se vuelven extrañas.
Para comenzar a entender la física cuántica debemos tener claros tres conceptos fundamentales:
La física cuántica o “teoría loca” como la llamaba Heisenberg, (porque proponía ideas muy difíciles de aceptar), no surgió de golpe, sino de una crisis. A finales del siglo XIX, los físicos se toparon con fenómenos que la física clásica era incapaz de explicar, el problema de la radiación del cuerpo negro, el efecto fotoeléctrico o las rayas espectrales del hidrógeno. Fue entonces cuando, a comienzos del siglo XX, una generación de científicos extraordinarios reescribió las reglas del juego.
En 1900, Max Planck propuso que la energía no se emitía de forma continua, sino en paquetes discretos llamados cuantos. Fue el primer ladrillo de un edificio teórico que en apenas tres décadas cambiaría la física para siempre. Le siguieron Einstein, Bohr, Heisenberg, Schrödinger y muchos otros, configurando la teoría cuántica tal como la conocemos hoy.
29 físicos más importantes de la historia durante el Congreso de Solvay en 1929
Los años posteriores, una generación brillante de físicos construyó la teoría cuántica moderna:
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La influencia de la física cuántica en la vida cotidiana va mucho más allá del laboratorio. Sin la mecánica cuántica no existirían los semiconductores, y sin semiconductores no existirían los ordenadores, los teléfonos móviles, internet ni buena parte de la medicina diagnóstica moderna.
Estas son algunas de las aplicaciones de la física cuántica:
| Ámbito | Aplicación cuántica |
|---|---|
| Electrónica | Transistores, diodos y chips que impulsan todos los dispositivos digitales |
| Medicina | Resonancia magnética (MRI), tomografía PET y rayos X |
| Energía | Células fotovoltaicas (efecto fotoeléctrico), superconductores |
| Comunicaciones | Fibra óptica, láseres, criptografía cuántica |
| Computación | Ordenadores cuánticos con capacidad de cálculo exponencialmente mayor |
| Materiales | Nanotecnología y diseño de materiales con propiedades avanzadas |
| Seguridad | Cifrado cuántico teóricamente inquebrantable para datos sensibles |
El 4 de julio de 2012, el CERN anunció uno de los descubrimientos más importantes de la historia de la física, la confirmación experimental del bosón de Higgs. Esta partícula, ya nombrada teóricamente en 1964 por Peter Higgs y otros físicos, era la pieza que faltaba del Modelo Estándar de la física de partículas, el marco teórico que describe los bloques fundamentales de la materia y las fuerzas que los gobiernan.
El Bosón de Higgs no es cualquier partícula, es la manifestación del campo de Higgs, que permea todo el universo y es responsable de que las partículas elementales tengan masa. Sin él, los quarks y los electrones no tendrían masa, los átomos no podrían formarse y el universo tal como lo conocemos no existiría. Su descubrimiento costó décadas de trabajo y requirió el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), el acelerador de partículas más grande del mundo, con 27 km de circunferencia bajo la frontera franco-suiza.
Peter Higgs y François Englert recibieron el Premio Nobel de Física en 2013 por la predicción teórica del mecanismo que genera masa en las partículas elementales. Es un ejemplo perfecto de cómo la física teórica predice la realidad décadas antes de que los experimentos puedan confirmarla.
Mientras el Gran Colisionador de Hadrones (Large Hadron Collider), el acelerador de partículas más grande y potente del mundo, exploraba los fundamentos de la materia con el descubrimiento del Bosón de Higgs, otra revolución avanzaba en paralelo, la computación cuántica. A diferencia de los ordenadores clásicos, que procesan información en bits con valores de 0 o 1, los ordenadores cuánticos utilizan qubits, que gracias a la superposición pueden representar 0 y 1 simultáneamente.
En 2019, Google anuncióhaber alcanzado la “supremacía cuántica” resolver en 200 segundos un problema que, según sus estimaciones, habría tardado 10.000 años en un superordenador clásico. En 2023, IBM Quantum presentó un procesador cuántico de 1.121 qubits. La carrera está abierta y los físicos cuánticos son sus protagonistas.
Porque el mundo que viene se construirá sobre física cuántica. Los profesionales que la dominen trabajarán en tecnología, medicina, finanzas, defensa y energía. Se estima que para 2030 podría faltar en el mundo hasta 65.000 especialistas en computación cuántica. La demanda ya supera a la oferta, y la brecha solo va a crecer.
Más allá del mercado laboral, la física cuántica también transforma la manera en que entendemos la realidad: qué es el tiempo, si el universo existe cuando nadie lo mira, o si el azar es algo fundamental en la naturaleza. Son las preguntas más profundas que puede hacerse un ser humano, y la física cuántica es hoy la herramienta más rigurosa para intentar responderlas.
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