Ser sostenible significa, ante todo, compromiso. Un compromiso real y sincero con la esencia de nuestra personalidad, pero también con los desafíos a los que se enfrenta el mundo actual. Por ello, desde la CEU UCH nos alineamos con el discurso de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible y su Agenda 2030 para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad de todos.

Objetivos ODS

Pero ser sostenible también conlleva una gran responsabilidad. La responsabilidad de crear, con cada una de nuestras acciones, un valor verdadero para nuestros estudiantes, sus familias, nuestros empleados y nuestros socios. Y también de cumplir con estos compromisos que hemos adquirido con el medio ambiente y con la sociedad en general.

Para lograrlo, nosotros trabajamos diariamente con personas que creen en los mismos principios que nosotros. Y así, entre todos, hacemos crecer esta cadena de valor responsable y sostenible: añadiendo, día a día, pequeños eslabones de compromiso.

Compromiso + Responsabilidad = Reto
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Personas

Gran parte de las metas relacionadas con la sostenibilidad implican un compromiso con las personas. Con aquellas con las que compartimos nuestra vida y nuestro espacio más cercano, pero también con las que se encuentran lejos y viven una realidad muy diferente a la nuestra.

Algunos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que la ONU ha impulsado para el 2030 giran en torno a ese compromiso con los más débiles: la erradicación del hambre, de la pobreza, la promoción de hábitos saludables… Para lograrlos, es preciso apostar por un crecimiento económico sostenible que favorezca la igualdad de oportunidades y minimice las desigualdades.

Sólo preocupándonos por las personas seremos capaces de crear sociedades prósperas. Por eso nos esforzamos cada día para que nuestros estudiantes se conviertan en ciudadanos y profesionales comprometidos con la generación de una economía inclusiva y con la promoción de los derechos humanos.

Comunidad

La Declaración de Copenhague sobre desarrollo social ya acordó en 1995 las características definitorias que debían tener las sociedades del siglo XXI: transparentes, creíbles, comprensibles, justas. El compromiso en ese momento, firmado por 186 países, pasaba por crear, desde la integración social, un entorno más cohesionado y dinámico en el que promover la igualdad entre colectivos, el empleo productivo y el cambio económico.

En 2020, el desarrollo social todavía avanza de forma lenta e irregular, incluso en las sociedades occidentales, y por ello sigue siendo necesario impulsar desde todos los ámbitos el activismo justo y la investigación con impacto. Porque una sociedad igualitaria será también una sociedad participativa que aporte conocimientos, ideas y herramientas para alcanzar el objetivo final de la Agenda 2030: que, en nuestro mundo, nadie se quede atrás.

Planeta

La superpoblación, las políticas forestales, la agricultura intensiva o el auge de las megaciudades son algunas de las tendencias que están poniendo a prueba la economía mundial. Pero son sus consecuencias las que deberían preocuparnos: el incremento exponencial de las emisiones de CO2, el aumento de la temperatura media en el planeta, la desaparición de especies o la contaminación de los mares están poniendo a prueba nuestra supervivencia.

Por esta razón, es necesaria una reflexión social sobre el uso responsable de los recursos naturales. Porque los esfuerzos individuales y la responsabilidad colectiva en cuestiones de sostenibilidad también crean valor, y no sólo para nuestro planeta. También para las personas que lo habitamos.

Futuro

Son ya conocidas las palabras de Nelson Mandela, Presidente de la República de Sudáfrica y Premio Nobel de la Paz, sobre el valor de la enseñanza: “La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”. Luchar por un mundo mejor implica hacerlo también por una enseñanza global e igualitaria. Una educación de calidad es el cuarto Objetivo de Desarrollo Sostenible establecido por la ONU.

La base para mejorar el futuro de las personas está en la enseñanza, sobre todo de aquéllas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad. La educación transforma vidas, contribuye a reducir las desigualdades y empodera a quienes la reciben para enfrentarse al mundo y conformar sociedades más respetuosas y tolerantes.

Trabajamos para que en nuestras aulas se formen profesionales con pensamiento crítico, capaces de comprometerse libremente en la creación de una sociedad sustentada por el auténtico principio del humanismo: el valor de la vida. Queremos una sociedad sostenible que ofrezca un futuro con oportunidades para todos.